La evolución de la Ría de Arousa y del resto del litoral gallego se puede explicar observando la relación cambiante entre el medio ambiente -soporte geográfico- y la sociedad que lo habitaba. Los primeros asentamientos que aparecieron y prosperaron se basaban en un frágil equilibrio entre el entorno construido, o artificial, y el entorno natural, en el que las actividades económicas desempeñaban el papel de enlace. Esta relación conformó el desarrollo de las ciudades, su cultura y una forma de vida completa.

En las últimas décadas, el rápido desarrollo del territorio resultó en una evolución independiente de estos tres elementos, transformando la forma de las ciudades, aumentando la escala de las actividades económicas y rompiendo el equilibrio ecológico del medio ambiente.

El ecosistema único de la zona necesita estos entornos económicos, construidos y naturales para trabajar en equilibrio. Observamos de primera mano los desafíos que existen para las economías locales, cuán dependientes son de la calidad del entorno natural y también cómo el entorno construido influye profundamente en este sistema. La protección de este territorio es la base de su desarrollo, pero no es suficiente para proteger lo natural o lo patrimonial, sino que debe protegerse toda una forma de vida.